Publicado el 1/2/2005 en ATB (Barcelona)
Artículo redactado en co-autoría con Leonardo Faccio
Fotografías de Leonardo Faccio

 

El cine X en España

El negocio del voyeur profesional

El cine X se expande en España. Sus actores y productores quieren normalizar la industria que llega como nunca antes y en toda clase de formatos. La irrupción de Internet y del cine erótico amateur plantean un nuevo debate en torno al futuro de este negocio y un nuevo cambio de mentalidad del público.



El cine porno se parece a la comida de avión. Las películas, igual que las pequeñas bandejas aéreas, vienen llenas de formas y colores que generalmente no sacian el hambre, todas tienen más o menos el mismo sabor, pero tarde o temprano la gente las termina consumiendo. El porno, igual que la comida, primero entra por los ojos y ahora mismo es casi imposible no verlo, sencillamente porque está en todos lados como nunca antes.

Las cifras son claras: sólo en España hay 15 distribuidoras de películas que lanzan 1.500 títulos al año y 10 mil kioscos que venden films para adultos. También existen cinco empresas que importan juguetes y lencería erótica y otras seis que venden películas por correspondencia. Pero además el porno salta la barrera de la decodificación televisiva y llega por señales abiertas, acompañados por una catarata de mensajes de texto telefónicos en la parte inferior de la pantalla. Las películas X han dejado de tener ese aire clandestino y prohibido que las rodeaba. En el último festival de cine porno de Barcelona concurrieron más de 50 mil personas (el 90% hombres), gente común que subía al escenario para participar de orgías frente al público. Sin duda, existe un cambio de mentalidad y no es casual.

"Queremos normalizar la industria del sexo. La gente usa la palabra porno en forma despectiva. En el diccionario de la Real Academia Española dice que porno tiene que ver con la prostitución. Y nosotros no tenemos nada que ver con eso", aclara Salvador Diago, presidente de IFG, la mayor distribuidora de cine para adultos en el Estado. Este hombre, amante de los cigarros, prefiere hablar de cine para adultos o cine “X”, otro eufemismo lingüístico para describir la descripción fílmica del sexo explícito.

En la década del 70' el erotismo en España tuvo su hora de gloria cuando la caída del franquismo permitió la avalancha de publicaciones con señoritas con pechos al aire y películas eróticas que ahora causan gracia por su ingenuidad, pero que en aquellos años representaban una brisa de libertad. A principios de los 90, el negocio se encontraba herido de muerte, pero gracias a la llegada del DVD y la explosión de la web volvió a expandirse en los últimos años.

Actualmente, el cine X factura alrededor de 25 millones de euros anuales sólo en España. Por supuesto, aún muy lejos de los apabullantes números de la industria en Estados Unidos, donde cada año se filman 13 mil películas, y el negocio mueve más de 8.000 millones de euros. "El mercado del porno en Estados Unidos rinde más que los deportes más populares", apunta Rocco Siffredi, una de las estrellas mundiales del cine hardcore.

"En el mercado estadounidense, una película X alcanza un beneficio del 40%. Pero en España, la rentabilidad llega en uno o dos años", señala Lourdes Sio, de Relaciones Públicas y Marketing de Media Partners, compañía que produce 11 films al año.

Filmar erotismo también tiene sus complicadas tramas burocráticas que dificultan la producción. “Esta es la industria más vigilada y legislada del mundo- dice Diago y repasa el listado de requisitos- Por cada película hay que presentar un expediente con contratos, los certificados de origen, el copyright y la ficha técnica. Una vez autorizado y visionado el material, el Ministerio de Cultura nos autoriza a vender. Y para exportar a Estados Unidos, presentamos un certificado médico con análisis de HIV, sífilis, gorronea y hepatitis C, realizados 15 días antes de comenzar a rodar. Y además, se entregan copias de dos documentos por cada actor para verificar su identidad".

Pero debido a la irrupción de Internet y la amplia oferta fílmica, el sector X español camina cuesta arriba. "Tenemos que vender diez veces más, trabajar diez veces más y tener diez veces más empleados para facturar lo mismo", se queja Diago.

El crecimiento del porno amateur

Entre las causas de pérdida de rentabilidad del cine porno convencional se destaca la irrupción del cine de baja factura o "gonzo". Son películas sin argumento ni preocupación por el ambiente, la luz o el audio. Basta una filmadora digital, uno o dos actores y producto concluido. Mientras que una producción "convencional" de cine X puede costar entre 50 y 100 mil euros, un film gonzo no supera los 10 mil. Según Diago, en su productora la mitad de los filmes son gonzos, mientras que las películas eróticas de mayor envergadura representan el 10% de la producción global.

Les presentamos a Nacho Allende. Su figura está lejos de los imitadores de Apolo, tiene varios kilos de más, se está quedando calvo, y en sus escenas se calza una dentadura postiza que le da un aspecto de lúmpen libidinoso. Así nace Torbe, el alter-ego porno del detective Torrente, el impulsor de la web putalocura.com y el revindicador del gonzo local con su serie "Cerdillas".

"La gente prefiere el amateur, porque estamos cansados de sexo profesional. Es todo lo mismo, tíos cachas, tías muy buenas, no se lo cree nadie. Yo tengo sexo con tías normales, y voy con mi figura de tripas, pocos pelos y pene pequeño", dice detrás de unas gafas con un ligero aumento.

Los detractores del porno amateur subrayan que el gonzo diluye las bases creativas que las películas X se esfuerzan (con resultados dispersos) en tener. "Para mí es muy importante que los actores y las actrices sepan interpretar, además de ser folladores también deben ser buenos actores, y eso es muy complicado. Gracias a Dios, la gente se está cansando de ese tipo de cine tan freakie y quiere volver a ver películas de calidad", analiza Bibianne Norai, una rubia de Tarragona que tras cuatro años como actriz porno ahora se dedica a la dirección.

Salarios y poses

En este mundo, los cachés de las actrices duplican o triplican al de los actores. La facturación es por escena, o sea, por acto sexual registrado. Los hombres cobran entre 200 y 400 euros y las mujeres entre 400 y 1000. Cuando se trata de estrellas el pago se dispara, sus ingresos se computan desde los 1.500 euros la escena. Pero en la escala salarial de los actores porno hay alternativas para mejorar el pago. "Por hacer una escena anal te pagan 100 euros más. Si es una doble penetración, te dan otros 100, y así se va sumando", describe Jessica Fiorentino, una infartante morocha checa que pisa fuerte como actriz erótica.

¿No se supone que el hombre debería ganar más que la mujer? Después de todo, ellos tienen la misión de lograr la erección permanente. "No, porque la mujer sufre muchísimo en un rodaje -afirma Norai, en plan de revindicación feminista-gremial -Además de sufrir, tiene que estar mirando en el monitor si está perfecta y si tiene la expresión apropiada para el placer que se supone está recibiendo", agrega.

Para Juan Carlos Navarro, editor del sitio porno-periodístico Milkyway, la diferencia de cachés es un tema de oferta y demanda. “Los actores permanecen más tiempo en el mercado y el porno siempre exige caras de chicas nuevas". Para Torbe, la cuestión es más sencilla, "en el porno, lo que vende es la tía. Pero la gente se cansa de ver siempre a la misma y por eso duran poco en este ambiente".

Mientras que hay actores que prolongan su paso por el porno durante 10 o más años (las estrellas Rocco Siffredi y Ron Jeremy llevan 20 años en carrera), la vida fílmica útil de una mujer oscila entre los 4 y los 7 años. "Ya estoy algo vieja para esto", suspira la checa Fiorentino, que hace poco cumplió los 25.

Este espectáculo del sexo profesional, de penes XXL y cuerpos moldeados entre anabólicos y bisturíes agota rápidamente sus recursos. Por eso necesita el recambio constante de figuras y de argumentos que condimenten aquellas escenas que todo el mundo sabe como terminarán, pero que en definitiva siempre se acaban consumiendo, porque igual que la comida de avión, a su manera alimentan y entretienen.

Las estrellas

Entre los actores, el patriarca fue John Holmes. Hasta su muerte por sida, en 1988, habría batido todos los récords de cine X: la leyenda en su torno afirma que su pene de 30 centímetros le sirvió para rodar 2.000 películas y tener sexo con más de 15.000 mujeres.

Uno de sus herederos es el norteamericano Ron Jeremy. Su aspecto de camionero de la América profunda (no más de 1,60 de estatura, cabello largo grasiento, ojos claros, bigote de morsa, y profusión de anillos de plata en sus dedos algo sucios) lo catapultó a la fama. Asegura que rodó 1.800 películas en 20 años de carrera, y que no tiene ganas de detenerse. "Cuando yo ya era famoso, las chicas con las que filmo todavía eran espermatozoides", compara.

Pero el reinado del porno sigue en manos de Rocco Siffredi. Este gigantesco italiano (mide 1,90 de altura) de 40 años, de modales educados y habla pausada, protagonizó 1.300 películas con más de 4.000 mujeres. Ahora reconvertido en director, sigue pagando una póliza que asegura su pene en 600.000 euros. "Pero prefiero ser actor, porque ser director o productor es como la persona que se dedica a vender droga después de haberla consumido mucho tiempo", reflexiona.

En España, seguidor de los pasos de Siffredi es el catalán Nacho Vidal. Extrovertido y a gusto con su imagen de macarra fashion, Vidal explota sus atributos tanto en el cine español como en el difícil mercado yanqui, y también se anima a la dirección.

Entre las mujeres, el cetro es de la checa Sylvia Saint. Rubia, de ojos celestes, su figura menuda y su belleza clásica la alejan de la fastuosidad de sus pares norteamericanas. En España, aparte de Norai, también destaca la pequeña Anastasia Mayo, ahora reconocida por sus intervenciones en Crónicas Marcianas. Con 24 años, mantiene un rostro y una figura de adolescente que la llevó a realizar 70 films en 3 años. "Para mí es un trabajo como cualquier otro: voy a la productora, realizo interpretación o sólo sexo, y a la noche, ceno con mi pareja. Él también es actor porno, pero cuando nos vemos, lo que menos hablamos es de cómo nos fue en el trabajo", desliza con una sonrisa.

Si sus cuerpos y sexos son exhibidos en todos los planos posibles, el único reducto que les queda de intimidad es su nombre verdadero. Casi todos los protagonistas del mundo X portan seudónimos, los cuales denotan un divertido ejercicio de imaginación y marketing. Sino, ¿qué puede significar nombres de mujeres como Michelle Wild, Angel Dark, Kelly Love, Renee Pornero; o de hombres como Attila, Califa o Kevin Long?

Cine contra Internet

En España, uno de cada cuatro DVD que se alquila es porno; pero la cifra puede bajar en tanto la conexión a Internet sea cada vez más rápida. "Internet perjudicó al sector X entre un 20 y un 30%", aventura Salvador Diago, presidente de IFG. "Y amenaza de muerte a todo el cine, tanto al erótico como al convencional", agrega.

Para Juan Carlos Navarro, del web Milkyway, "en el futuro, el porno se producirá sólo para ser consumido por Internet. Ya nadie más irá a buscar porno al vídeo".

Pero para Navarro, esto no significa una pérdida de calidad en las producciones: "con una oferta tan grande, desde el cine gonzo al profesional, siempre estará mejor situado el cine profesional. Porque habrá mucha oferta, pero casi siempre de pago. Y para pagar, la gente preferirá algo de calidad".

Hace 10 años que ronjeremy.com está on line, y este actor X norteamericano agradece a la diosa tecnología: "es que con Internet gano más dinero que con las películas", compara. Jeremy, sin embargo, reconoce que está lejos de ser millonario como las actrices Danny Ashe o Jenna Jameson, que recaudaron más de 6 millones de euros gracias a sus sitios web. Es que ante un público mayoritariamente masculino, "las actrices porno llegan directamente al consumidor. Con Internet, desaparecen los intermediarios".

Los números del cine X en España

Concepto y cantidad de empresas

Facturación en euros

15 distribuidoras lanzan 1.500 títulos al año. (30 a 40 son de producción española)

6 millones

5 empresas importan juguetes y lencería erótica

3 millones

10 mil kioscos venden films para adultos

6 millones

Ventas a cadenas de TV como Canal + y Ono TV

2 millones

Salas de cine Por

120.000 euros

Venta de revistas eróticas

1 millones

6 empresas realizan venta de filmes y artículos por correspondencia

6 millones